No todas las relaciones que duelen son evidentes. Algunas no gritan, no lastiman de forma directa… pero desgastan poco a poco.
¿Cómo se siente un vínculo que duele?
Generalmente se vive así:
- Dudas constantes
- Ansiedad cuando la otra persona se aleja
- Alivio momentáneo cuando vuelve
- Miedo a decir lo que sientes
- Sensación de que das más de lo que recibes
Y aun así, cuesta soltar.
El apego no es debilidad
El apego tiene que ver con la historia emocional de cada persona. Con cómo aprendimos a vincularnos, a sentir seguridad, a no ser abandonados.
No es falta de amor propio. Es una necesidad emocional no resuelta que a menudo se manifiesta con mayor fuerza durante etapas de emociones intensas.
Cuando la confusión se normaliza
Muchas relaciones se sostienen desde la incertidumbre: “me busca – me ignora”, “hoy sí, mañana no”.
Con el tiempo, ese vaivén se vuelve familiar… aunque duela. Normalizar el malestar no lo convierte en algo sano.
¿Cómo empezar a salir de ese patrón?
No se trata de culparte ni de forzarte a soltar de inmediato. Se trata de empezar a preguntarte:
- ¿Esta relación me da calma o ansiedad?
- ¿Me siento libre siendo yo?
- ¿Puedo expresar lo que siento sin miedo?
Responderte con honestidad abre caminos.
¿Te resonó este contenido?
Si crees que puede ayudar a alguien más, compártelo.
Si deseas acompañamiento emocional, agenda tu sesión.
Agendar sesión